No sé bailar, confesaste mientras tu voz se hacía más delgada de lo normal. Me perdí tu expresión cuando lo dijiste, pero pude imaginar tu rostro avergonzado. El tiempo ha cambiado, y a pesar que ahora tu cabeza se llene de preguntas sobre el regalo de esta nueva vida, no te asustes y aprende a bailar. Si no sabes cómo empezar, recuerda que el mejor instrumento para deleitar con música a tu espíritu, es tu sonrisa. Aprende a utilizarla en todo tiempo, pues ese gesto de humildad hace que los momentos difíciles se conviertan en disfrute, y sobre todo, gratitud. Creo que no me equivoco al decir que eres tan sencillo como los mejores momentos por los que uno pasa, y muchas veces, sin darse cuenta. Son varias cosas las que me llevan a apreciar tu vida, tu amistad, tus palabras, y ahora tu historia. ¿Cómo fue que llegamos a invitarnos a conocer más de nosotros sin siquiera vernos tanto? Es extraño, realmente extraño, pero sucedió. Siento que te conociera desde pequeña y hasta curiosament...
Todos tenemos algo que contar. Algunos hablan, yo escribo.