Ir al contenido principal

Estrellarse

Dicen que hay un lugar donde puedes deleitarte con un cielo estrellado de ensueño. Un lugar que no está contaminado de luz artificial para que las estrellas se sientan libres de brillar, bailar, cantar e, incluso, enamorarse. ¿Y por qué no? Si nosotros siendo tan pequeños e insignificantes -a comparación de ellas- hemos saltado hasta de un pie con un beso, ¿te imaginas el 'locurón' que harán ellas allá arriba? No sé ustedes, pero yo me emociono con solo imaginarlo.

Y es que se trata de eso, imaginar, soñar despierto y llegar lo más lejos posible con solo una mente feliz y creativa. Algo que muchos han perdido por seguir modelos sin vida y llenos de miedo, que temen decir: “te quiero” o “te amo”, porque, según ellos, eso es de débiles y no eres nada interesante si lo dices o demuestras.

¿Dónde quedó la libertad de expresión? ¿En qué momento se perdieron las palabras de afecto o se cambió la verdad por la mentira? No tengo ni la más mínima idea, pero cada vez que doy un paso, las palabras se hacen más cortas, más grises, más nada. Es como si todos vivieran atrapados en una cárcel llena de mentiras y miedo, como un cielo sin vida, ni estrellada. 


A pesar que parezca que estamos muy cerca de pisar tierra, les invito a leer la primera estrofa del cielo, pues se trata de eso, de caminar por el mundo alzando siempre la mirada, con la esperanza de llegar algún día al cielo, o que el cielo baje para mirar de frente, derecho, y bailar como ellas siempre lo han hecho.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Ella y yo

Caminamos de la mano como si siempre nos hubiéramos llevado bien. Tú juegas mientras lo haces y yo no te quito la mirada de encima. Te das cuenta que lo hago, y de inmediato me nuestras aquellos dientes tan chistosos que tienes. Eres tú, jugosa, que, a pesar de no entender mucho sobre el mundo de los "grandes", no dejas de bailar, reír, componer canciones y crear tus propios cuentos. Incluso, después de haber juntado un poco de lágrimas en tus tacitas de juguete, no te detienes y te las ingenias para ofrecernos, con dulzura, una deliciosa taza de café. "¿Me lees un cuento?", me dices cada vez que nos quedamos solas en casa. Debo admitir que, en un principio, me costaba darte mi atención. Y es que siempre he disfrutado de mi soledad, de leer un libro con música baja, ver alguna película sin interrupciones, o simplemente sentarme en el balcón y ver nuestro gran parque de al frente, que, por cierto, ahora tú lo llamas: "El parque del popo".  Aún así, ...

Zen Zen

Este es el inicio de un nombre “raro” con algunos toques chinos. Dicen que "Zendy” es un nombre tan extraño que no saben si suena dulce o misterioso, o quizás tiene de ambas. Cuando han deseado saber su procedencia, los he decepcionado diciéndoles  que no tiene significado alguno, pues un día lluvioso, según cuenta mi madre, mientras se encontraba leyendo, un colibrí se posó por varios minutos sobre el libro que tenía en el vientre, justo en la palabra Zen. Ella quedó fascinada, y así fue que decidió incluirla dentro del nombre que ya había estado rondando por su cabeza. Nací, toda sambita, por cierto, y con el tiempo, mi nombre ha ido cambiando aún más. Para algunos soy  ”Zeny”, para otros, ”Zen”, y si quieren volver a ser niños, me llaman “Zen Zen”. ¡Esa soy yo! No les niego que he considerado volver a preguntarle a mi madre, si la historia que me contó era cierta o no, pero creo que es mejor seguir pensando que lo fue. Si bien es cierto, eso no aclara el signi...

Lo de siempre, por favor

Allí estaba yo, sentada, mirando el infinito del mar. No sentía lo mismo que antes; esta vez, estaba cansada, muy agotada. Cerré por unos momentos los ojos y me dejé acariciar, nuevamente, por la brisa del viento. Mientras lo hacía, sentí las voces de dos jóvenes al lado. Él le decía: “Me encantas”, pero Ella solo asentía con la cabeza y trataba de dibujar algo parecido a una sonrisa. ¿Que cómo lo sé si tenía los ojos cerrados? Pues Él se lo dijo: “siempre lo haces (…)”. Mientras mantenía los ojos cerrados, el mozo finalmente decidió acercarse a mí con una sonrisa cálida,  y preguntó qué iba tomar; “lo de siempre”, le dije. Él no tuvo más remedio que mostrar todos sus dientes, tras alargar aún más esa curva feliz de sus labios. “Me encantaría saber qué es lo de siempre, amable señorita”, dijo Él con una nueva sonrisa, pero esta vez algo más pícara. “Bueno, lo de siempre es: un café americano sin azúcar y cualquier postre, agridulce, que me recomiendes”, esbocé, sin quitarle la ...