Ir al contenido principal

Alto voltaje de azúcar

Esto empieza a quemar. Mi mente es como una autopista sin fin que recibe distintas velocidades de autos con hambre de gloria y un irresistible pastel de bombones. Cada vez que aparece uno de aquellos autos en mi autopista, se enciende con más fuerza el fuego de mi interior, que si pusiera un malvavisco pinchado con un palito, esta quedaría perfectamente asada. Los autos siguen apareciendo y yo empiezo a ponerme un poco más nerviosa que al inicio de la carrera. Trato de dirigirlos con calma, pero no es fácil, todo va muy rápido.

A pesar que esto suene a algo malo, me doy cuenta que es realmente bueno. Ideas, formas, colores, sabores, tamaños y texturas empiezan a decorar mi mente como un delicioso Cupcake. Estoy invadida de ellos y me encanta. Ahora mi autopista se ha vuelto tan dulce que las letras quieren formar parte de ella. Se acomodan entre sí y tratan de formar palabras, frases, slogans y nombres que sepan bien, que gusten y deleiten, así como lo hace nuestro postre favorito en el paladar.

Los nervios pasaron y ahora desbordo emoción. Quizás la idea no era bajar la velocidad, sino construir mejores caminos. Y este camino, el cual yo elegí, me entusiasma tanto que empiezo a quemar de nuevo, como si fuese un pastelito recién salido del horno. Por cierto, creo que ya es hora de irme a casa, pero antes pasaré por una pastelería para visitar a mis deliciosos "musos" de este largo camino dulce e irresistible. 

Comentarios

Entradas populares de este blog

Ella y yo

Caminamos de la mano como si siempre nos hubiéramos llevado bien. Tú juegas mientras lo haces y yo no te quito la mirada de encima. Te das cuenta que lo hago, y de inmediato me nuestras aquellos dientes tan chistosos que tienes. Eres tú, jugosa, que, a pesar de no entender mucho sobre el mundo de los "grandes", no dejas de bailar, reír, componer canciones y crear tus propios cuentos. Incluso, después de haber juntado un poco de lágrimas en tus tacitas de juguete, no te detienes y te las ingenias para ofrecernos, con dulzura, una deliciosa taza de café. "¿Me lees un cuento?", me dices cada vez que nos quedamos solas en casa. Debo admitir que, en un principio, me costaba darte mi atención. Y es que siempre he disfrutado de mi soledad, de leer un libro con música baja, ver alguna película sin interrupciones, o simplemente sentarme en el balcón y ver nuestro gran parque de al frente, que, por cierto, ahora tú lo llamas: "El parque del popo".  Aún así, ...

Zen Zen

Este es el inicio de un nombre “raro” con algunos toques chinos. Dicen que "Zendy” es un nombre tan extraño que no saben si suena dulce o misterioso, o quizás tiene de ambas. Cuando han deseado saber su procedencia, los he decepcionado diciéndoles  que no tiene significado alguno, pues un día lluvioso, según cuenta mi madre, mientras se encontraba leyendo, un colibrí se posó por varios minutos sobre el libro que tenía en el vientre, justo en la palabra Zen. Ella quedó fascinada, y así fue que decidió incluirla dentro del nombre que ya había estado rondando por su cabeza. Nací, toda sambita, por cierto, y con el tiempo, mi nombre ha ido cambiando aún más. Para algunos soy  ”Zeny”, para otros, ”Zen”, y si quieren volver a ser niños, me llaman “Zen Zen”. ¡Esa soy yo! No les niego que he considerado volver a preguntarle a mi madre, si la historia que me contó era cierta o no, pero creo que es mejor seguir pensando que lo fue. Si bien es cierto, eso no aclara el signi...

Lo de siempre, por favor

Allí estaba yo, sentada, mirando el infinito del mar. No sentía lo mismo que antes; esta vez, estaba cansada, muy agotada. Cerré por unos momentos los ojos y me dejé acariciar, nuevamente, por la brisa del viento. Mientras lo hacía, sentí las voces de dos jóvenes al lado. Él le decía: “Me encantas”, pero Ella solo asentía con la cabeza y trataba de dibujar algo parecido a una sonrisa. ¿Que cómo lo sé si tenía los ojos cerrados? Pues Él se lo dijo: “siempre lo haces (…)”. Mientras mantenía los ojos cerrados, el mozo finalmente decidió acercarse a mí con una sonrisa cálida,  y preguntó qué iba tomar; “lo de siempre”, le dije. Él no tuvo más remedio que mostrar todos sus dientes, tras alargar aún más esa curva feliz de sus labios. “Me encantaría saber qué es lo de siempre, amable señorita”, dijo Él con una nueva sonrisa, pero esta vez algo más pícara. “Bueno, lo de siempre es: un café americano sin azúcar y cualquier postre, agridulce, que me recomiendes”, esbocé, sin quitarle la ...